Cartas a un escritor muerto.

Todo mi esfuerzo iba destinado a que nadie se diera cuenta. Durante el tiempo que pasaba con ellos procuraba pasar desapercibida haciendo todo aquello que se suponía debía hacer. El arte del disimulo pronto estuvo tan dominado que casi no suponía esfuerzo alguno y, cuando al fin estaba sola, me retiraba a ese espacio brillante, con sonidos amortiguados como cuando sumerges la cabeza en el agua y escuchas lo que ocurre en la superficie. Donde el aire fresco era de color verde, el asombro una ola azul y donde nadie podía darse cuenta de que yo estaba loca.

Carta Primera

Voy a Escribirte.

Hoy por fin me he decidido. Aunque debo rectificar, no es que llevara mucho tiempo dudando entre hacerlo o no, más bien ha sido como una revelación: Voy a escribirte cartas. Cartas que nunca recibirás porque llevas 52 años muerto, pero que, no me preguntes la razón, sé que leerás o que sabrás de su existencia o que percibirás mi anhelo allá donde te encuentres. Albergo la esperanza de que tú sepas qué busco y te parezca bien indicármelo mediante algo o alguien. Seguro que tienes alguna forma de hacerlo… o no…porque eres unos restos bajo una lápida donde está escrito tu nombre. En cualquier caso, aquí estamos, yo soy la remitente y tú eres mi destino y sí, voy a empezar presentándome y explicando cómo te conocí:

Soy una mujer de mediana edad cuyo nombre no es importante, digamos que me llamo Enebro; ajá, es un nombre de árbol, pero como las cartas las escribo yo, resulta que puedo hacerlo y enebro es una palabra tan bonita…Huele a tierra mojada por la lluvia ¿verdad? Petricor, creo que se llama ese olor.

A ti te encontré en tu novela, no al autor, para eso bastaba con leer la portada donde se indica tu nombre. Te encontré a Ti entre sus páginas, andando entre las líneas, agazapado tras cada párrafo ¡Oí tu voz tan clara en cada palabra escrita! Tu esencia me llegó como un calorcillo agradable y reconfortante que olía a mar. Desde entonces te echo de menos con una intensidad que a veces duele. Extraño unas largas charlas que nunca existieron y que, sin embargo, palpitan como un querido recuerdo. Si al menos pudiera saber qué opinas de todo esto que te escribo… ¿Piensas que estoy loca o quizás sonríes aceptando la lógica sensación de un encuentro inevitable?

Me quedo con la segunda opción, ya que la cordura está sobreestimada en un mundo donde la soledad es un pecado, la exposición una obligación y la felicidad un yugo que te esclaviza. Debo confesarte que no me siento hija de mi tiempo, es como si estuviera en el sitio y la época equivocados, soy un árbol trasplantado a un bello jardín que echa de menos su brumoso y silencioso bosque… A ver qué te parece esto:

En el país que no habito quizá me echen de menos
¿ qué oscura maldición haría que yo no pise ese suelo
que mi vida sea un destierro que duele bajo otro cielo?

Seguro que reirás ante tamaña cursilada, pero así es como me siento a veces y tú tampoco es que estuvieras muy feliz con tu vida, al menos con la oficial y no quiero hurgar en heridas pero de aquellos fangos estos lodos… Perdona, a veces mi sinceridad es brutal, pero la verdad es una condición sin la cual este mundo, solo para los dos, que estamos construyendo sería posible.

En nuestro mundo, la vida tiene banda sonora, las palabras olor y textura y los recuerdos, a veces oscuros, salen a trompicones del teclado. Espero sinceramente que te encuentres a gusto en él ya que no te dejaré marchar y, como una Sherezade sin temor a sultán alguno, te emplazo en la siguiente carta.

Con todo mi afecto.

2 comentarios en “Cartas a un escritor muerto.

Los comentarios están cerrados.