Segunda carta
Pequeñas Cosas
Hola de nuevo querido ¿Cómo estás? ¿Esperabas mi carta? Sinceramente espero que las ganas de encontrarte de nuevo conmigo sean iguales a las mías. ¿Algo nuevo en tu particular Parnaso? ¿Le has hablado a alguien de nosotros? Ojalá hayas esbozado una imagen amable de mí; yo, como comprenderás, a nadie puedo hablar de nuestra correspondencia, sería un terrible error que me obligaría a negarte quizá para siempre y eso no puedo, ni quiero hacerlo. Ya ves qué paradoja, tú, al estar muerto, puedes dejarme existir en tu mundo; yo, como estoy viva, debo esconder este secreto nuestro para conservarte… Pero dejemos de lado estos tristes pensamientos. Ahora de nuevo estamos juntos y necesito contarte tantas cosas, cosas pequeñas, no creas, pero al contártelas se vuelven más reales, tangibles; un ejemplo, el sueño que tuve la otra noche: tú y yo bailábamos envueltos en la música de Blue Velvet, sobre un suelo espejado donde se reflejaban las cimbreantes velas. Cuando desperté aun podía sentir tu calor y tu olor, un tímido aroma a cedro. En cuanto pude añadí a mi lista de música preferida esta canción y me pasé el día oyéndola en bucle una y otra vez. ¿Tú sueñas? Quiero decir, ¿los muertos soñáis? Estoy imaginando una locura…Tu sueño puede que sea una proyección de los deseos de modo que ¿deseaste bailar conmigo y yo lo soñé haciendo posible ese instante dorado que compartimos? Seguro que sí querido, seguro que sonríes viendo cómo soy capaz de construir nuestro mundo a base de soñar tus deseos.
Hace unos meses compré el último libro sobre tu vida. Una biografía bastante completa, llena de fotografías que congelaban instantes de tu vida desde la niñez hasta tu vida adulta. He de decir que este trabajo es más riguroso que los anteriores, más completo. Me ha ayudado a reafirmar la imagen que tengo de ti, pero no por lo que cuenta, más bien por lo que no llega a decir, por lo que deja en el aire…tantas posibilidades…
No cabe duda de que la infancia es un periodo terrible y cruel, estamos de acuerdo en esto ¿cierto?
La infancia es el coloreado tapiz
donde bordamos los sueños
que aterrorizarán nuestra vida.
Los niños ni son tan tiernos ni tan inocentes. La niñez no es para nada ese periodo de la vida que nos empeñamos en glorificar. Eso son las excusas que inventamos cuando llegamos a adultos para así enterrar y olvidar todo lo que vimos y oímos cuando éramos invisibles. Pienso, en realidad, que los niños entienden mejor que nadie el insondable misterio de la vida porque no se hacen preguntas, solo aceptan el hecho de vivir sin más, como cachorrillos de fiera a la espera de tener mejor y más afilados dientes y garras.
Recuerdo la primera vez que tuve conciencia de mi Yo, la primera vez que guardé una sensación para mí sola. Era verano y todos los vecinos de la calle agradecíamos el frescor de la noche sacando sillas a la puerta mientras esperábamos que las ardientes habitaciones, con todas las ventanas y puertas abiertas, alcanzaran una temperatura razonablemente fresca para poder dormir. Además esa noche nos ofrecía espectáculo adicional: al borracho de la calle le habían prohibido la entrada al bar. El dueño, harto de que nunca pagara, le hizo saber al interfecto, creo que respondía al nombre de Curro, que hasta no abonar la cuenta adeudada no le serviría más. Ambos, tabernero y borrachín, tuvieron una acalorada discusión que pareció zanjada cuando Curro se alejó de allí arrastrando los pies, pero al poco apareció de nuevo al frente de un tropel de mozalbetes que, siguiendo el ritmo del paraguas que Curro bamboleaba como un director de orquesta, repetían la última palabra que este coreaba:
–«El del bar es un cabrón
–¡Cabrón!
–Y yo soy un coronel
–¡Coronel!
Y así, calle arriba, calle abajo, estuvo paseando sin descanso para divertimento de todos los presentes. La noche era tan clara y el cielo estaba tan limpio de nubes, que las estrellas parecían poder tocarse; yo no podía apartar los ojos de ellas, me parecía que temblaban, que se separaban unas de otra hasta rasgar la oscuridad del cielo como si fuera una tela negra tras la cual apareció el cielo claro y azul donde un globo aerostático era tripulado por unos payasos que lanzaban al aire pelotas de colores en un espectáculo asombroso y terrorífico.
¿Qué te parece? Fue un sueño extraño sin duda, pero a mí no me extrañaba ese sueño; me sorprendía la sensación que depositó en mí. El deseo de guardarlo como un gran secreto.
A la mañana siguiente María, la hija de la costurera, apareció muerta en el campo, pero ese es otro asunto…
Querido, llevo un buen rato hablando solo de mí, espero no haberte aburrido. Si pudieras contestarme seguro que me contarías las aventuras que por ahí vivís tú y tus amigos, porque seguro tendrás a montones, ¡Si será por escritores muertos que tuvieron una vida atormentada!
En este momento debo volver a mis pequeñas cosas. Volveré a buscarte en mi próxima carta y sigo esperando alguna señal de tu parte.
Con todo mi afecto.
Me encanta y me invita a leerlo una y otra vez!!
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Muchas gracias Teresa. Espero que la tercera carta, ya en construcción, te siga invitando a su lectura. No sabes cómo, tus palabras, me animan con este proyecto.
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Lo cuentas todo con frescura, y nitidez, que puedo ver las imágenes y oler los olores. Me he reído muchisimo con la anécdota del borracho. Continua, es una maravilla
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Gracias. Eres muy amable 😊
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