Espejito, espejito…

Buenos días querido.
¿Sabes? me gustaría llamarte por tu nombre. Poder, una mañana de domingo, decir: Buenos días John y que tú me respondieras con tu amplia sonrisa mientras el aroma a café nos envuelve haciendo que olvidemos los sueños vividos durante la noche. Pero al instante me doy cuenta de que eso no podrá ser nunca porque nuestra… bueno, lo que sea que tengamos, pertenece al mundo de la imaginación, de lo onírico, de los deseos que sabemos irrealizables. Lo sé, lo sé, eres «mi mundo interior», mi «alter ego», mi «peligrosa abstracción». Eso de lo que tengo que alejarme , aconsejan, ordenan y exigen, aquellos que son firmes en su practicidad, en su eficacia, pergeñando una realidad pesada como el ancla que, para inmovilizar la barca, se adentra en otro mundo (el acuático) y, terca, se pega al suelo firme impidiendo que las olas hagan que el barco navegue sin rumbo o, lo que es peor: se rompa al chocar contra las rocas y farallones que de todo hay en el ancho mar…
Supongo que debo estar agradecida y, en verdad te digo, que quiero pasar menos tiempo al otro lado del espejo, sobre todo para hacerlos sentir mejor. ¿No sabes qué quiero decir cuando hablo del espejo? Verás, a veces me quedo quieta, parece ser que durante más tiempo del razonable, delante de un espejo; da igual el que sea, el del baño, de la habitación, de la entrada…pero no miro mi reflejo, observo el mundo que me rodea en la imagen devuelta porque me parece diferente, inexplorado, misterioso y porque, a veces, las mejores, te veo pasar, como en un destello; o veo tu rostro sonriéndome y todo, todo lo que el espejo refleja aparece teñido de un polvillo nostálgico, tenue como el resplandor de una estrella muerta miles de años luz atrás.
-Pero un sueño no es la realidad
-¿Quién te dice cuál es cuál?
Alicia y Sombrerero (Alicia a través del espejo)
¿Qué opinas de esta asombrosa cita, querido? Te hace pensar ¿verdad? A mí me tranquiliza comprobar que siempre hay personas que dudan y buscan algo más allá de lo estipulado y yo lo he buscado siempre o quizá lo he inventado pero ¿Qué diferencia hay entre lo buscado y lo inventado? Lo uno es la consecuencia lógica de lo otro.
En el amplio paréntesis que abarca mi niñez, y digo paréntesis porque la viví como una especie de tiempo indefinido donde no se distinguir qué es un verdadero recuerdo de los posibles «recuerdos inventados» a los que soy muy proclive, hubo un día donde lo cotidiano se hizo mágico cuando, durante una fuerte tormenta, llovieron renacuajos. Lo recuerdo perfectamente porque fue el mismo del entierro de María. Ese día no hubo colegio y la campana de la iglesia saludó un amanecer de color rosado casi iridiscente. El aire olía a mar, cosa extraña ya que el pueblo distaba muchos kilómetros de la costa y el silencio pesaba como una losa sobre las casas, sobre las personas, hasta los perros caminaban deprisa, con el rabo caído, echando temerosas miradas al cielo. La comitiva fúnebre volvía del cementerio. La madre de María la encabezaba, iba caminando ayudada de vecinas que la sujetaban. No cesaba de dar lamentos que eran casi aullidos y los que iban detrás se removían inquietos cada vez que esta se detenía. Se rascaban la cabeza y movían las piernas como si quisieran salir corriendo; los más ancianos miraban alrededor con la boca abierta. De pronto, un relámpago cegador dibujó una horrible brecha en el cielo rosado, el trueno retumbó contra las ventanas y todos pudimos oír el croar de miles de ranas segundos antes de que la lluvia se precipitara como un telón acuático sobre todos los presentes. Fue una lluvia feroz, intensa y breve. Cuando escampó cientos de renacuajos, la mayoría aun vivos, se agitaban en los riachuelos creados por la lluvia en las aceras calle abajo, en los techos y capós de los coches, en las macetas de geranios… Esa noche los gatos salieron de caza y los niños afilaron ramas donde ensartar los anfibios que al día siguiente exhibieron en la escuela. Los mayores comentaban el extraño incidente en voz baja y algunos se persignaban al pasar delante de la casa de la pobre María y como nadie se explicaba cómo había podido suceder tal cosa, dos semanas más tarde el alcalde trajo a un experto que, en el salón de actos del ayuntamiento explicó a todo aquel que quiso oírle lo «normal que era el que feroces rayos de sol absorbieran con tanta fuerza el agua de lagos y ríos como para poder atrapar a pequeños organismos que son transportados en las nubes hasta ser descargados con la lluvia a miles de kilómetros de donde sea que vivieran….» Y dijo todo eso así, de seguido, sin respirar siquiera.
-¿Los pequeños organismos son los renacuajos?- preguntó alguien con la mano levantada y, el experto, tras bizquear dos o tres veces, asintió.
Ya ves, no hay nada nuevo bajo el sol, a veces lo raro se vuelve normal solo con mirarlo.
En fin, que toda esta parrafada para decirte que, a sabiendas de que no somos reales en el mundo «real», quizá sea al contrario y queriendo evitar consecuencias indeseables me encuentro inmersa en una aparente normalidad: me he inscrito en uno de los grupos de mujeres de la Asociación Vecinal del barrio que intentan llenar su tiempo libre con multitud de actividades, a saber: ganchillo, poesía, taichí, cocina y deporte. Tres veces en semana voy a correr al parque muy de mañana. Cabalgo primero, troto después y por último renqueo tras un grupo de amazonas que, coleta rubia al viento, corren como si no hubiera un mañana. Ellas hacen un recorrido tres veces mayor que el mío y acaban impolutas y sonrientes, ni se despeinan; yo, por muy tirante que me haga la coleta, acabo con pelillos como bigotes de gato, calentadores arrugados en los tobillos, cara roja como un tomate y el moquillo colgando, pero finjo felicidad endorfinada (no sé si existe esa palabra pero me gusta) mientras desayuno mirando de soslayo al espejo que hay frente a la barra de la cafetería. Sigo estando más feliz en nuestro mundo y sé que tu sonrisa reflejada de improviso es la afirmación de que, nuestros encuentros, si no reales, son sentidos por ambos, y eso me basta.
Querido, ya es hora de volver, tú a tus cosa de escritor muerto y atormentado y yo a las mías. Como siempre te emplazo en la próxima carta.
Con todo mi afecto.
A la espera de la siguiente. Muy bueno. Enhorabuena.
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Muchas gracias.
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Esta última carta te lleva a oler la lluvia de renacuajos, me gustan los escritos que te hacen sentir estar dentro del relato, enhorabuena.
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Gracias. Eres muy amable. Un saludo.
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En cada carta te superas más. Me encanta la alegoría que has hecho de los renacuajos. Solo las personas con un gran mundo interior, pueden pasear al «otro lado del espejo».
Impaciente por seguir leyendo
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Qué palabras tan bonitas. Me hace feliz que te gusten mis escritos. Un saludo
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Enhorabuena!! Está genial
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Muchas gracias. Tu amable comentario es un gran ánimo para continuar. Un saludo
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