Nos unió la casualidad de un viento de levante
caprichoso y con olor a sal.
Nos fue cosiendo uno a uno como eslabones de una cadena
destinada a formar un todo que reía con el sol en la cara
música en los labios y el mundo por descubrir.
Las tardes de verano eran humo de cigarrillos fumados a escondidas
Eran primeros besos ardientes que, de tan nuevos,
se nos quedaron tatuados en el alma
Eran caricias torpes arañadas a la inexperiencia
Eran paseos por la feria con olor a perritos calientes
y algodón de azúcar, fiestas cada sábado y playa en el mar de Poniente.
Mientras la vida nos empujaba, sin siquiera preguntar
crecimos
fuimos andando nuestros destinos.
Nos hicimos serios, responsables, adultos
Pero aquellos jóvenes despreocupados y sonrientes
siguen paseando por los mismos sitios
nos esperan pacientes
Porque saben que, cuando estamos juntos,
seguimos siendo nosotros:
los mismos amigos de siempre.
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