Esta lluvia mansa (como una bendición) besa el suelo, empapa la tierra moja las cabezas de los niños que, sabedores del misterio, se despojan de gorros y se ponen a salvo de paraguas mirando al cielo con la boca abierta.
Esta lluvia mansa (como una bendición) besa el suelo, empapa la tierra moja las cabezas de los niños que, sabedores del misterio, se despojan de gorros y se ponen a salvo de paraguas mirando al cielo con la boca abierta.
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