Al amparo del hambriento desperezo de la fresca humedad de la mañana con las blancas velas desplegadas no puedo esconderme mucho tiempo.
El espejo me devuelve la mirada vigila mi perfil y tú te desesperas y yo me tambaleo
El asombro de una niña que pintaba sombras con su voz me enfrenta al pasillo polvoriento bordado de gritos a la puerta entornada que invita a desvelar secretos que son susurros bajo la higuera.
Todo me duele entonces todo menos tú que esperas paciente el fin conocedor de que nunca será suficiente.
Y dejo de mirar la sombra Y vuelvo a recobrar el verde
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