Un Poema de Año Nuevo

Al amparo del hambriento desperezo
de la fresca humedad de la mañana
con las blancas velas desplegadas
no puedo esconderme mucho tiempo.

El espejo me devuelve la mirada
vigila mi perfil
y tú te desesperas
y yo me tambaleo

El asombro de una niña
que pintaba sombras con su voz
me enfrenta al pasillo polvoriento
bordado de gritos
a la puerta entornada que invita
a desvelar secretos que son
susurros bajo la higuera.

Todo me duele entonces
todo menos tú
que esperas paciente el fin
conocedor de que nunca será suficiente.

Y dejo de mirar la sombra
Y vuelvo a recobrar el verde