El Vigía.( Un cuento de Halloween)

Faltaban ya siete días para Samhain cuando al niño le crecieron unas orejas que en nada se parecían a las de todo hijo de Dios. Eran puntiagudas y cubiertas de un fino vello de color dorado. Con esas orejas, que el niño podía mover a su antojo. Bien estiradas y bien abiertas, el pequeño se llegaba hasta la linde del bosque. Sentado durante horas, permanecía quieto y sonriente. Parecía que escuchara la más linda de las canciones.

EL JUEVES QUE VIENE

Era jueves y se despertó sobre las siete de la mañana con la certeza, más bien la costumbre, de que este día le pertenecía solo a ella. Repasó mentalmente cada uno de los pasos que, jueves tras jueves, comenzaban con una taza de café mientras llenaba la bañera para un largo y perezoso baño.

A veces el diablo se divierte.

Esta vez estaba segura de que el momento había llegado. El momento de Anaideia; esa diosa irreverente y provocadora . Carente de pudor y sobrada de desparpajo, siempre atenta a satisfacer sus necesidades físicas y espirituales sin juicios morales sobre el bien o el mal. Anaideia, ajena a toda misericordia, piedad o clemencia...

El Amor en una placa de Petri

Ya dentro del autobús, observó que el pájaro no se movía, y, extrañamente, aunque su forma física fuera de tal, ya no parecía un ave, ya no parecía nada; la muerte lo había despojado de su ser. La Parca es una novia codiciosa que se apropia de lo importante: el feliz vuelo de un pájaro o la sonrisa de alguien que desconoce que tras su último parpadeo, no volverá a ver la luz.

La señora Green-Meadows

La señora Green-Meadows recogió con cuidado las migas de la mesa poniendo atención a que ninguna cayera sobre la alfombra, suspiró, y aún con las migas en el hueco formado en su mano, miró por la ventana. Vivía en una preciosa calle cerrada festoneada de árboles, sobre todo robles, esto era del agrado de la … Sigue leyendo La señora Green-Meadows

¡Corre, cerdo!

¿Era eso la felicidad? No tenía modo de saberlo porque, que él supiera, no tenía nada con qué comparar la sensación que ahora sentía... Era una sensación vaga, inconsistente, casi imperceptible, como el hambre que siente la persona que come todos los días, sin siquiera plantearse que pudiera ser de otra forma. Era como si … Sigue leyendo ¡Corre, cerdo!

   DUENDES

  DUENDES   Esa mañana, que era como tantas mañanas, fue el comienzo de un tiempo que permanecería aferrado a la casona y sus habitantes formando una especie de vacío donde la razón no tenía cabida. Donde las costumbres, repetidas durante años, carecían de sentido y cualquier movimiento era, inevitablemente, devuelto a una quietud desesperante … Sigue leyendo    DUENDES

Cartas a un Escritor Muerto

Segunda carta Pequeñas Cosas Hola de nuevo querido ¿Cómo estás? ¿Esperabas mi carta? Sinceramente espero que las ganas de encontrarte de nuevo conmigo sean iguales a las mías. ¿Algo nuevo en tu particular Parnaso? ¿Le has hablado a alguien de nosotros? Ojalá hayas esbozado una imagen amable de mí; yo, como comprenderás, a nadie puedo … Sigue leyendo Cartas a un Escritor Muerto

Cartas a un escritor muerto.

Todo mi esfuerzo iba destinado a que nadie se diera cuenta. Durante el tiempo que pasaba con ellos procuraba pasar desapercibida haciendo todo aquello que se suponía debía hacer. El arte del disimulo pronto estuvo tan dominado que casi no suponía esfuerzo alguno y, cuando al fin estaba sola, me retiraba a ese espacio brillante, … Sigue leyendo Cartas a un escritor muerto.

El cuaderno del caníbal

Photo by cottonbro on Pexels.com El mundo se ha ido a la puta mierda. Después de aquella última explosión solar que penetró por el gigantesco agujero que perforaba nuestra capa de ozono, medio planeta quedó reducido a un ingente desierto abrasador cuyo estéril suelo, lleno de grietas gigantescas, deja escapar de vez en cuando y … Sigue leyendo El cuaderno del caníbal

El Número Doce

Carlos cayó de rodillas, lo dejaron caer en una habitación totalmente blanca. Estaba desnudo y aturdido. Con la boca abierta miraba alrededor intentando comprender, intentando atrapar unos recuerdos empeñados en desaparecer. Sacudía brazos y piernas, notaba algo parecido a una bandada de pájaros posándose sin cesar sobre él. Sentía sus patitas frías, de uñas afiladas, … Sigue leyendo El Número Doce

Escribir

Contar una buena historia es como hacer bien el amor. Cuando se escribe sin complejos y se folla sin complejos, siempre quedan ganas de repetir. Esta máxima se repetía a sí mismo como un mantra; claro que esta visión del asunto era totalmente subjetiva y unilateral, porque, ¿Cómo documentar esta afirmación? ¿Debería interrogar a sus … Sigue leyendo Escribir

La tía Ana

El día que la tía Ana bailó sobre la mesa de la cocina aprendí una gran lección, claro que entonces era muy pequeña para valorarla, pero hoy la atesoro en mis recuerdos como uno de los momentos más importantes de mi vida. Era un mes de noviembre recién estrenado. Tras un octubre lluvioso, el patio … Sigue leyendo La tía Ana

Anuncio por palabras

Escribo estas líneas con un “para” y un “porqué”. El “porqué”, o sea, la razón por la cual las escribo es la de hallarme en mis postreros días de vejez y el “para” es para no morir por falta de olor a sexo de mujer. Tengo mis razones para semejante disparate: La primera es que siento una gran afición por el bello sexo; y la segunda es que unidos a la rareza de mi carácter, hay por ahí algún que otro trauma infantil que aún clava sus pequeñas y encantadoras garras de monstruito en mis noches insomnes y atormentadas, de modo que, para información del lector, intentaré desgranar mis recuerdos.

Unas Vacaciones Diferentes

Despertó un día dándose cuenta de que todo lo que rodeaba su vida le dejaba mal sabor de boca. Se sentía insatisfecha, a veces incluso estafada. Tras un ansiado divorcio y dos fracasos amorosos, Carmen pasaba por una mala racha. La psicóloga tras exprimirla durante meses dictó sentencia:-Debes reencontrarte a ti misma.-Descubrirme de nuevo...Y ¿cómo?-Eso … Sigue leyendo Unas Vacaciones Diferentes

Una isla con Palmera

Caminabas bajo la lluvia sin paraguas, sin prisas con el impermeable desabrochado. Tus pasos resonaban con eco acuático sobre el asfalto. Parecían no pertenecerte, primero avanzabas y luego venia el “ploc”, avanzabas y “ploc”. El pelo pegado a tu rostro, la boca entreabierta y esa extraña luz en tus ojos me dejó paralizada en el … Sigue leyendo Una isla con Palmera

MIEDO

Cuando abrí la puerta ante mí se extendía una ancha playa por cuya orilla corrían cientos de personas pidiendo ayuda. Ojos desorbitados, bocas abiertas en alarido silencioso. En ese momento me percaté de que portaba un arma en las manos, pero cuando bajé la vista para mirarla, aún incrédula, ésta se rompió en mil pedazos … Sigue leyendo MIEDO